Tengo 19 años y me encuentro profundamente cansada del mundo. Hay cosas que rebalsan del entendimiento, pero no de la percepción. Y cada vez que marcho con las manos en alto, sosteniendo mi indignación, solo logro sentir el insondable dolor de la humanidad en mi pecho, en mis hombros, en mis manos, en mis pies.
¿Cómo llegamos a ésto? ¿Cómo es que nosotros permitimos ésto? ¿En qué momento tuvimos la genial idea de otorgarle más peso a ciertas vidas que a otras? Solamente logro ver dolor, logro ver hambre, sufrimiento, tortura. Como es que a gente le han desmembrado, electrocutado, decapitado, ahorcado, quemado, clavado por el hecho de perseguir un ideal. Y ante eso, oigo las risas. Oigo risas de superioridad como un trueno, al momento de retorcer la estaca.
No hay otra forma de que este vals tortuoso quede completo, sin la lucha, sin la sangre tras cada paso, sin la falsa conciencia de que todo se encuentra bien. El insostenible compás que acrecenta nuestro odio y nuestro dolor, siendo obligados a seguir bailando, a seguir dentro de esta farsa. Y en este momento solo siento que trapeo un piso lleno de sangre, con las manos atadas.
¿Qué nos queda?
