Hoy, siendo 5 de enero del 2016, caigo en cuenta de que esteré soltera por 4to año consecutivo a mis próximos 24 años. Esta preocupación comenzó paulatina y solapada en apariencia, mientras que detrás de la lengua hervía el deseo, cuyo incumplimiento se transformó en pavor. 

Tantos me han dicho: "Pero si tienes 23 ¡de qué te preocupas! estás en la flor de la vida", comentario que cumple la función de un palmoteo en el hombro. Y claro, tienen razón. ¿No han pensado acaso, que son las flores las que brillan para ser vistas?, ¿quién se detiene a mirar las matas de hortencias secas en el frío invierno?, ¿quién admira al girasol cuando se le caen los pétalos? Debo decirles, congéneres, que gracias a sus palabras mis posibilidades se han resumido a 3: soy una flor rota, una invisible, o una planta carnívora con aspiraciones de geranio. 

Bueno, no es fácil servirse del banquete de la soledad, menos si ya estás satisfechx. Es cierto que no he amado con los ojos de lo amado, ni regalado mi pequeña cucaracha que llevo por corazón. Soy mandona, terca como pocos. De costumbres poco decorosas. No me pongo desodorante todos los días, ni encremo mi cuerpo después del baño. Casi siempre miro mi caca antes de tirar la cadena y me sale un pelo grueso y negro como la noche en la papada. Puedo enumerar una larga lista con el fin de justificar mi barco encayado: tropiezo con las piedras y con mis palabras, me asusta mi reflejo, comunico mis terrores, confundo los amores, exploto como un volcán para luego castigarlo. Despierto la pasión ajena para luego dominarla. Y así. Y más. No valdría la pena arriesgarse por alguien así, ¿o no? ¿O algunos somos más desperfectos que otros? Infinitas son las trampas para hacernos pensar que no merecemos el amor.

Pero hoy he concluído algo distinto. Hoy he pensado que esta soledad me ha hecho iniciar caminos que difícilmente hubiera emprendido. He caminado por ellos pidiendo ayuda, en vez de encoger los hombros y sonreir. Me he pasado tanto tiempo admirando el jardín que no recogí mis colores del barro. Hoy quiero hacer algo distinto. El aliento es para mí. Qué dichosa soy de haber luchado por mi misma. De darme la oportunidad de mirar mi sombra, e incluso de haber bebido mi veneno. Confieso, que mi error es no darme cuenta. Cuenta de mis adentros, de mis mundos y navegar en las profundidades. Soy toda mía, un universo por descubrir. No me arrepiento de nada. No me arrepiento de nada.