De
cuando en vez me armo de valor
hago
las paces con el siniestro
intercambiamos
miradas
me
detiene la pupila
y
cae helada.
Su
voz se lleva mis labios y mis dientes
otras
veces una pierna entera
a
veces solo me deja una oreja
u
orificios en los ojos
si
soy afortunada.
Quiero
huir
muevo
los brazos y no los encuentro
en
el silencio oigo voces
tapo
mi voz con ambas manos
mis
manos sienten el olor del miedo
sacudo
la cabeza
con
tal violencia
que
me despojo de la miseria
me
desplumo el centro
ante
la sangre que aúlla
en
silencioso dolor.
El
desmembramiento siempre es una opción
el
desmallo de los sentidos que buscan lo más puro
ahí
es cuando la carne se abre y se muestra
viva,
roja, ardiente
latiente/latiendo
batiendo
las alas
en
la sinceridad de la muerte
la
consternación, oh consternación
¿cómo
hacemos las paces?
¿De
qué forma se llega al canto?
Hoy
por hoy
me
contento con el sonido del pecho
que
me recuerda lo mucho que agradezco
el
trago dulce después de la amargura
la
insolente risa después del llanto
y
es que hemos sido tantos
los
delincuentes
hemos
sido tantos, ni tú ni yo
ni
aquel hermano
nos
hemos salvado
de
las venas de todos colores
que
componen nuestro verbo mortal
e
inmortal a la vez.
