Lamento

No puedo pensar ni hablar
solo puedo correr de lo que mi cobardía teme encontrar.
Te he abandonado, hermano desde hace tanto,
que esperabas ser encontrado
para que alguien tomara la voz de la que careces ahora.

Que alguien gritara en esta injusticia inmunda
renacida de la basura,
cuyo único fin es consumir lo poco de venas que te quedaban.
Romper tus huesos
Ahorcarte en el patio de los exiliados
y dejar tu nombre en el olvido,
donde nadie más pueda encontrarte.

Y si te nombran, solo son intentos de agrandar su ego
simulando que te entienden, que te sienten
cuando en verdad solo logran manchar todo aquello por lo que tanto luchaste.


Yo soy de la dinastía de la podredumbre
hija de la hija, de la hija
de la hija
que saqueó tu alimento
nieta de la nieta, de la nieta
de la nieta
que redujo y mató a tu sangre tan amada.

Yo soy la culpable de la injusticia que vives
del pan que falta
de la plata que roban
del político corrupto
de la esclavitud remunerada.
De besar zapatos pestilentes a mierda,
solo para obtener en este juego unas migajas
y pertenecer a algo que detesto.

Hermano en el alma,
que la ignorancia no permita que tu voz siga siendo silencio
Que si tus puños se siguen alzando
sea para dar grito de guerra
y no sólo para ser vistos

Que si este es mundo de las paradojas
de las traiciones y el poder
que algún día despertemos de este sinsentido
y que cada humano
(si merece así ser llamado)
se levante contra el enemigo
y grite junto a ti
Marichiweu.