He sido injusta contigo. Tal vez no te imagines la cantidad de veces que te maldije por arruinar mi infancia y todo lo que pude haber tenido de autoestima estable. Quizás no te imagines que me pasé por la raja todos los buenos momentos en que hubo algo parecido a una comunicación, y salíamos todos los fines de semanas, hasta éramos algo así como amigos. Olvidé todo lo que solía admirar de ti también; el afán por aprender, los libros, la música. Tienes problemas, lo sé, se logra divisar debajo de tu estricta y enjuiciante mirada. Debes tener muchos remordimientos y más de algún dolor que tienes negado. Eres humano, cuánto me costó aprenderlo. No obstante, lo que más me costó aprender, es que nunca te odié directamente. Lo que realmente odié fue lo que me llevé de ti y lo que ahora es mío. Soy yo.
