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La alegría es como un pájaro pequeño, verde y violeta, brota de mi pecho y forma espirales en mis entrañas antes de salir en ligero vuelo por mi boca. La alegría es, también, un viento tanto suave como denso que cubre la palma de mis manos, mis hombros, piernas y caderas, tibio como una caricia, lento como el ocaso. Pero cuando la brisa se detiene y los pájaros callan, me veo desprovista de armas para enfrentar la oscuridad. Cuando la pena ataca me hago cada vez más pequeña hasta encerrarme en un cajón. Me aferro a la tela de la esperanza hasta que la desgarro. Y es que olvido que parte del crecer es disfrutar la noche, esa misma que creí amar, ¿acaso no es amar nada más sino que mirar de frente? Abrazar el momento, tan simple y tan complejo a la vez, querer, fuera del egoísmo que significa aferrarse a la imagen. Desnudarse en soledad es igual que desnudarse frente a una multitud. 

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