Decidí abandonar el valle de los espejos.


El fantasma se presenta para consumar la ambición, devuelve el reflejo del deseo. Abandono esta tierra de nadie y planto mi pie en el bosque. Busco el valor desde mis entrañas, para continuar abro el corazón. Respiro, como quien limpia su interior. Respiro, y la tormenta queda atrás. Abandono el valle de los espejos para recordar lo que el tiempo no olvidó. Habito el mundo para descubrir el regalo infinito, que el viento me lleve donde me tenga que llevar.

Tanta poesía guardada detrás de los labios
busca jugar y enredarse en un par de besos

sedienta de amamantar sueños
se sumerge en el mar de las ansias
e inmola su voluntad con la daga

¿no te cansas corazón de latir tan rápido?

como vuelo de pajarito errático
consumes tus plumas con el fuego
en cada aleteo
de tanta ambición controlada
de tanta muerte solapada
de tanta fragilidad acorazada
de tanta tanta tanta
tanta pena invocada
y palabra ahogada


Si sabes donde vas a parar el vuelo
¿qué te sostiene corazón sin freno?


no quemes tus sueños
que la esperanza se agota
cuando la noche está detrás de la ventana
¡aférrate! ¡aférrate a la luna!

la vida no espera
la espera no aguanta

¡date prisa! ¡date prisa pajarito!
encuentra el camino a casa


ouroboros

me alejé del dolor
de la vergüenza, me alejé
de yemas con olor a hierro
cántaros oxidados
nudos muertos
huí
vagué y navegué
construí una cerca desde las ramas
mi metro cuadrado de paz
mas olvidé lo redondo que es el mundo
que la muerte tiene buena memoria
y que los platos rotos
se pagan igual.

No me arrepiento de mis fragilidades expuestas
llanuras y grietas se abren paso
dibujan mapas
abren caminos
crean diálogos murmurados en un antiguo idioma
que susurrados a mi oído me devuelven la delicadeza
aquel velo que es capaz de ablandar cualquier mirada
mi mirada
y le recuerdan a mi corazón la belleza en bruto

Un cuadro de mi vida y la de todos
pintado en acuarela y óleo
se extiende como un manto,
como la noche misma
y en mi cabeza deja flores
jazmines, azahares y alelíes
imposibles de disfrutar
si a nadie se le hubiera ocurrido
poner una grieta ahí.

Sin mis grietas, mi hermoso cuadro solo sería un triste lienzo en blanco.

No los culpo. Había olvidado mirar a los ojos y ver la profundidad en ellos. Me sumergí en el tiempo muerto y descuidé las raíces de los corazones. Volver a empezar siempre es difícil, y dejar el camino conocido más aún. Navegar en el vacío es un regalo cuando la herida está expuesta. No los culpo. He malgastado mundos enteros, ocultado esmeraldas, escupido oráculos, enjaulado zorzales y arrancado orquídeas. El fuego secó el mar y la noche condenó el cielo. El relámpago devoró el árbol y la tormenta se llevó los restos. No los culpo. No me culpo. Cuánto más brilla el error que el acierto. Para despojarse de las vestiduras primero hay que despojarse de la desnudez. Para comenzar a vivir primero hay que morir. El latido de mi pecho vale más que todas las riquezas en el espejo. El instante en el que nace una flor pesa más que los siglos de desesperanza. No me culpo... me perdono.

sé bien
que nadie me puede entregar
lo que yo no puedo conseguir

también sé
que la compañía solo es dulce
cuando se tienen los brazos abiertos

mas cómo me gustaría en este momento
poder tocar una mano
besar un párpado
y sentir calidez

quizás me cansé de girar en torno a mi
de dialogar más de la cuenta
de volcar mis armas
y encerrar, encerrar... encerrar
infinitamente encerrar

qué ironías de mierda tiene la vida a veces
dame un descanso, que me engaño de todas formas
qué ganas de atravesar la piel
de una vez por todas

qué ganas...
de dar un suspiro y barrer todo
ahondar en profundidades sin ahogarme
acariciar sin dañar
beber vida en su más puro estado
volverme aire
habitar el centro
encontrarme en la sonrisa ajena
reírme de la cacofonía
que la simpleza la dé el tambor
y cantar, cantar...
infinitamente
cantar.

...un poco de ayuda no andaría mal.


...

La alegría es como un pájaro pequeño, verde y violeta, brota de mi pecho y forma espirales en mis entrañas antes de salir en ligero vuelo por mi boca. La alegría es, también, un viento tanto suave como denso que cubre la palma de mis manos, mis hombros, piernas y caderas, tibio como una caricia, lento como el ocaso. Pero cuando la brisa se detiene y los pájaros callan, me veo desprovista de armas para enfrentar la oscuridad. Cuando la pena ataca me hago cada vez más pequeña hasta encerrarme en un cajón. Me aferro a la tela de la esperanza hasta que la desgarro. Y es que olvido que parte del crecer es disfrutar la noche, esa misma que creí amar, ¿acaso no es amar nada más sino que mirar de frente? Abrazar el momento, tan simple y tan complejo a la vez, querer, fuera del egoísmo que significa aferrarse a la imagen. Desnudarse en soledad es igual que desnudarse frente a una multitud.